LA SIERRA MADRE OCCIDENTAL

Al noroeste del territorio mexicano, existe una gran cadena montañosa que se levanta de entre los pastizales y desiertos de esta región, corriendo en dirección norte-sur, desde la frontera de los Estados Unidos con México, hasta el centro de este último país. Se trata de la Sierra Madre Occidental, la más larga y accidentada de las sierras mexicanas. Esta sierra y las tierras bajas que la rodean, albergan una gran variedad de ecosistemas, plantas y animales.

En esta región se distribuyen especies típicas de las zonas templadas de Norteamérica, que se mezclan con otras que son originarias de las regiones tropicales de nuestro país y también con especies que únicamente habitan aquí, es decir, especies endémicas de esta sierra y, por lo tanto, de México. Todos estos factores han determinado que a esta cadena montañosa se le considere como una zona de gran riqueza biológica, baste citar como ejemplo de esta riqueza el caso de la zona serrana del estado de Chihuahua, donde habitan 649 especies de vertebrados, de los cuales 65 son endémicos y mas de 35 se consideran en peligro de extinción.

En el año de 1937, el prestigiado naturalista y conservacionista americano Aldo Leopold, la describía como un verdadero paraíso, en el que existían todavía territorios representativos de la naturaleza salvaje típica del suroeste de los Estados Unidos y norte de México. Por aquel entonces, señalaba Leopold, esta sierra se encontraba intacta en su mayor parte, y en ella podían encontrarse grandes extensiones de bosques maduros, arroyos de agua cristalina y prácticamente no había caminos que la atravesaran. Los venados y guajolotes silvestres eran abundantes en sus bosques y pastizales y los lobos y osos grises eran comunes. A más de sesenta y cinco años de que Leopold considerara a esta sierra como el "ejemplo a seguir", en cuanto al manejo de los recursos naturales, podemos percatarnos de que el "desarrollo" y las actividades "productivas" (legales e ilegales), han transformado dramáticamente esta sierra y la han hecho perder gran parte de su riqueza biológica original.

La destrucción ocasionada por estas actividades y el crecimiento desmedido de caminos que atraviesan la sierra, están convirtiendo a las últimas áreas bien conservadas en verdaderas "islas", cuyos ecosistemas y especies van quedando aislados y perdiendo posibilidad de intercambio con las demás áreas de la sierra. Un ejemplo elocuente es el caso de los bosques maduros de pino-encino, que originalmente cubrían 93,560 km2 en esta sierra y en la actualidad se han reducido a tan sólo 571 km2 , es decir, un 0.6% de sus superficie original. No obstante lo anterior, el norte de esta sierra aun presenta áreas relativamente bien conservadas, que han escapado, al menos en parte, al deterioro y la sobreexplotación.